Reacción antojadiza
Después de la marcha del 10 de septiembre hacia el cementerio general, ciertamente se han hecho innumerables elucubraciones en torno a la violencia, seguridad y mano dura del Gobierno.
Sin embargo, y siendo un retroceso político y social grotesco, el ejecutivo, con Belisario Velasco a la cabeza, ha determinado prohibir las marchas cercanas al Palacio de gobierno, cerró el paso peatonal impuesto por Lagos y analizará las mismas medidas en lugares cercanos a edificios emblemáticos.
Claramente, estamos frente a una medidad autoritaria, injustificada y desproporcionada. Primero, en tanto se viola el Estado de Derecho respecto a la libre circulación por las calles de nuestro país. No hace poco, el mismo Gobierno que, hoy coarta libertades, vociferaba ante la intención del alcalde de las Condes por restringir el tránsio vehicular después de las 22:00 para prevenir la prostitución. Y hoy evoca ideas oscuras en nombre de la "seguridad" para prevenir "nuevos ataques". Ojalá, con las misma fuerza y rapidez se combatiera a los narcotraficantes que someten a nuestras poblaciones o se perseguiera a los empresarios que violan sistemáticamente los derechos de los trabajadores.
Segundo, se trata de una medida injustificada, ya que no hay argumentos convincentes que nos hagan pensar que tal medida se ajusta a la realidad. Más bien, la reacción, por de pronto inmediata, genera suspicacias en tanto quienes estabamos aquel día marchando fuimos testigos de que quienes "violentaron" en muchas ocasiones son de las mismas filas represoras. Entonces, creo poder estar en condiciones de acusar, y conociendo el pasado del Señor Velasco, un tongo más que busca dejar contenta a la derecha respecto a la mano dura del Gobierno. Lo anterior, se sustenta, por ejemplo, en el actuar del Ejecutivo frente al caso del Compañero Osvaldo, quien fuera detenido y acusado en forma absolutamente falaciosa y acaparando la atención de todos los medios de comunicación. Sin duda se trató de chivo expiatorio.
Tercero, estamos frente a una medidad desproporcionada, en tanto se esta igualando un hecho terrible como fue el bombardeo a la Moneda en 1973 con lanzar una molotov a una ventana. Sin duda, hay una desproporción, ya que el Gobierno debiera preguntarse, primero, cuál es trasfondo de los focos de violencia que cada vez son más seguidos y masivos, y después reaccionar tan enérgicamente. Aquí, hay un fenómeno sociológico que debe hacernos reflexionar no sólo al Gobierno sino, además, a todos quienes pertenecemos a organizaciones políticas o sociales.
Sin duda, estamos frente a una medida muy poco democrática que sólo se sustenta y se entiende en el afán por sustentar un modelo económico y político heredado desde la Dictadura Militar que, ciertamente, ha penetrado fuertemente en quienes administran nuestro país. Lo peor y peligroso, es que los mismos que se llenan la boca con los derechos y las libertadaes como cuestiones fundamentales para el ser humano, son hoy día capaces de privar a, una gran mayoría, manifestarse pública y masivamente donde se quiera y cuándo se quiera.


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